Tantos caminos, y solo uno por el que andar.

Todavía pasan los años, el tiempo, como si fuera un tren que no debe parar en las estaciones, solo en la última. Y el paisaje queda atrás, como los recuerdos, como tus infinitas sonrisas, que aparecen tras las ventanas, una detrás de la otra acumulando vivencias. Pero por mucho que corra hacia el final de los vagones, nunca alcanzo a ver todas tus sonrisas, que se van borrando tras mi paso.